Respuesta rápida: qué potencia contratar en casa
La mayoría de las viviendas españolas funciona con una potencia contratada de entre 3,45 y 5,75 kW. Las que tienen inducción, termo eléctrico, aerotermia o coche eléctrico suelen necesitar entre 6,9 y 9,2 kW. Para acertar, suma la potencia de los aparatos grandes que de verdad puedes tener encendidos al mismo tiempo, aplica un coeficiente de simultaneidad (casi nunca coincide todo) y quédate con el escalón inmediatamente superior. En la tarifa 2.0TD contratas dos potencias distintas, una para punta y otra para valle, así que puedes dejar la de valle más holgada por muy poco dinero. Y ten presente la asimetría que decide casi todo: bajar potencia es barato; subirla se paga, porque al ampliar aparecen los derechos de extensión y de acceso.
¿Qué potencia contratada necesitas en casa?
Cuando miras tu factura de la luz, ¿te has preguntado si estás pagando por potencia que nunca llegas a usar? Es uno de los sobrecostes más silenciosos del recibo, porque el término de potencia se paga por todos los días del periodo facturado aunque tengas la casa vacía. No existe una estadística oficial que diga cuántos hogares están sobredimensionados, y desconfía de quien te suelte un porcentaje redondo. Lo que sí pasa a menudo es más prosaico: muchas viviendas arrastran la potencia que decidió el promotor o el inquilino anterior hace quince años, cuando no había iluminación LED, ni bombas de calor inverter, ni electrodomésticos con etiqueta A.
La potencia contratada es el caudal máximo de electricidad que puedes usar a la vez, y se mide en kilovatios (kW). No tiene nada que ver con cuánta energía gastas al mes, que se mide en kilovatios hora (kWh). Puedes consumir muchos kWh con poca potencia —una bomba de calor trabajando suave todo el día— o muy pocos kWh con mucha potencia —una placa de inducción a tope durante diez minutos—. Confundir las dos magnitudes está detrás de casi todos los errores al contratar: la potencia limita cuántas cosas funcionan simultáneamente, no cuánto puedes gastar en el mes.
La factura refleja esa diferencia con dos bloques separados. El término de potencia se calcula multiplicando los kW contratados por un precio en €/kW y año, prorrateado por los días facturados; dentro de ese precio hay peajes de transporte y distribución que fija la CNMC, cargos que aprueba el Ministerio y el margen que añade tu comercializadora. El término de energía multiplica los kWh por su precio en cada periodo horario. A eso se suman el alquiler del equipo de medida, el impuesto especial sobre la electricidad y el IVA. Ninguna de las dos partes es despreciable, pero solo una la controlas con una llamada: la potencia.
¿Cuánto cuesta cada kW de más? Depende del año y de tu comercializadora, así que no te fíes de cifras cerradas. El orden de magnitud útil es este: el término de potencia de punta se mueve en unas decenas de euros al año por cada kW, mientras que el de valle es una fracción pequeña de esa cantidad. Traducido: un kW sobrante en punta apenas se nota en un mes, pero suma un importe apreciable en doce; y ser generoso con la potencia de valle cuesta calderilla. Para saber tu cifra exacta solo tienes que abrir la última factura y dividir el importe del término de potencia entre los kW y los días facturados.
La pregunta correcta no es «cuánta potencia necesito», sino «cuántos aparatos grandes puedo llegar a tener funcionando a la vez un martes de enero a las nueve de la noche». Esa frase resuelve el 90% de los casos.
Hay dos cosas de las que la potencia adecuada no depende: de los metros cuadrados de la vivienda y del número de personas que viven en ella. Un piso de 120 m² con gas natural para cocina, calefacción y agua caliente puede vivir tranquilo con 3,45 kW; un estudio de 40 m² con inducción, termo eléctrico y un split se queda corto con 4,6 kW. Lo que manda es el pico de demanda simultánea. Y hay un tercer límite que mucha gente descubre tarde: tu instalación tiene una potencia máxima admisible fijada en su boletín eléctrico, y por encima de ella no puedes contratar sin tocar el cuadro.
Cómo funciona la potencia en la tarifa 2.0TD
Desde junio de 2021, la práctica totalidad de las viviendas españolas está en la tarifa de acceso 2.0TD, que es la que corresponde a los suministros de baja tensión con potencia contratada de hasta 15 kW. Su diseño explica por qué hoy tienes más margen de maniobra que antes, y también por qué muchas facturas resultan confusas: la potencia y la energía se dividen en un número distinto de periodos.
Dos periodos de potencia, tres de energía
La potencia tiene dos periodos: punta (P1), que cubre los días laborables de 8:00 a 24:00, y valle (P2), que abarca el resto de las horas de los laborables más los sábados, los domingos y los festivos de ámbito nacional completos. La energía, en cambio, tiene tres periodos: punta, llano y valle. Esa asimetría es la que despista: en la misma franja de 14:00 a 18:00 la energía es «llano» mientras la potencia sigue siendo «punta».
| Franja horaria (laborables) | Periodo de potencia | Periodo de energía |
|---|---|---|
| 00:00 – 08:00 | Valle (P2) | Valle |
| 08:00 – 10:00 | Punta (P1) | Llano |
| 10:00 – 14:00 | Punta (P1) | Punta |
| 14:00 – 18:00 | Punta (P1) | Llano |
| 18:00 – 22:00 | Punta (P1) | Punta |
| 22:00 – 24:00 | Punta (P1) | Llano |
| Sábados, domingos y festivos nacionales | Valle (P2) todo el día | Valle todo el día |
Este calendario no cambia con las estaciones, a diferencia de las antiguas tarifas con discriminación horaria de dos periodos. Si tu suministro está en Canarias, Baleares, Ceuta o Melilla, confirma el detalle con tu distribuidora antes de programar aparatos.
Puedes contratar dos potencias distintas
Aquí está la alternativa de potencia que más gente desaprovecha: la normativa te permite contratar un valor de potencia para punta y otro distinto para valle. Como el término de valle cuesta una fracción de lo que cuesta el de punta, tiene sentido ajustar la punta a lo que realmente demandas de día y dejar la de valle con holgura, de modo que puedas encender el lavavajillas, la secadora y el cargador del coche de madrugada sin sustos. El contador de telegestión vigila cada periodo por separado, así que esa holgura nocturna es real y no meramente contable. Confirma con tu distribuidora cómo está programado tu equipo, porque el comportamiento concreto del control de potencia depende del modelo instalado.
Escalones: qué valores puedes pedir
Con un contador de telegestión —el estándar en España desde el final del despliegue de los contadores inteligentes— puedes contratar cualquier potencia en múltiplos de 0,1 kW hasta el tope de 15 kW de la 2.0TD. Eso significa que 4,3 kW o 7,2 kW son valores perfectamente válidos, y que la vieja idea de estar obligado a saltar de 4,6 a 5,75 kW ya no aplica en la mayoría de los casos. Si tu equipo de medida es antiguo y no admite programación remota, entonces sí quedas atado a los escalones normalizados clásicos: 1,15 / 2,3 / 3,45 / 4,6 / 5,75 / 6,9 / 8,05 / 9,2 / 10,35 / 11,5 / 13,8 y 14,49 kW.
Por encima de 15 kW ya no estás en 2.0TD, sino en 3.0TD, que tiene seis periodos de potencia y factura los excesos con maxímetro en lugar de cortarte el suministro. Para una vivienda casi nunca compensa: si necesitas más de 15 kW en casa, lo habitual es que el problema esté en cargas mal gestionadas y no en falta de potencia.
Monofásico y trifásico
Casi todas las viviendas son monofásicas a 230 V, y ahí la cuenta es directa: kW = 230 V × amperios / 1.000. En un suministro trifásico a 400 V la potencia se reparte entre las tres fases, y un desequilibrio importante puede provocar un corte aunque la suma total esté por debajo de lo contratado. Si tienes trifásica y saltos inexplicables, pide al instalador que reparta los circuitos entre fases antes de plantearte ampliar potencia: suele ser mucho más barato.
¿Cómo calcular la potencia necesaria para tu hogar?
El método serio tiene tres pasos: inventario, simultaneidad y escalón. Ninguno requiere conocimientos técnicos, solo un poco de honestidad contigo mismo sobre cómo usas la casa.
Paso 1: inventario con datos de la placa, no de internet
Cada aparato lleva una placa de características —detrás, debajo o dentro de la puerta— con su potencia nominal en W. Ese es el dato bueno. Las tablas genéricas, incluida la que verás aquí abajo, sirven para orientarte cuando no puedes acceder a la placa, pero la dispersión entre modelos es enorme: dos hornos del mismo tamaño pueden llevarse 1.000 W de diferencia. Apunta solo los aparatos que superan los 500 W, porque el resto se pierde en el redondeo.
| Aparato | Rango habitual de potencia | Qué tener en cuenta |
|---|---|---|
| Frigorífico o combi | 100 – 250 W | El arranque del compresor genera un pico breve muy superior al nominal |
| Lavadora | 500 – 2.200 W | El máximo solo aparece mientras calienta el agua, unos minutos |
| Lavavajillas | 1.000 – 2.200 W | Igual que la lavadora: el pico es la resistencia de calentamiento |
| Secadora de condensación o bomba de calor | 800 – 2.700 W | Las de bomba de calor están en la parte baja del rango |
| Horno eléctrico | 1.500 – 3.000 W | Funciona por ciclos: no consume el máximo de forma continua |
| Vitrocerámica o inducción (por zona) | 1.200 – 2.300 W | La placa completa puede sumar 3.000 – 7.400 W si no limita potencia |
| Microondas | 700 – 1.500 W | Consume más de lo que indica su potencia «de cocción» |
| Termo eléctrico de agua caliente | 1.000 – 2.000 W | Programable: el mejor candidato a moverse a horas valle |
| Radiador o convector eléctrico | 800 – 2.000 W | Varios a la vez son la causa clásica de cortes en invierno |
| Aire acondicionado o bomba de calor (split) | 400 – 2.500 W | Los inverter arrancan alto y bajan al estabilizar la temperatura |
| Aerotermia (equipo compacto de vivienda) | 1.000 – 4.000 W | Consulta la ficha del fabricante: varía mucho según potencia térmica |
| Cargador de coche eléctrico | 2.300 / 3.700 / 7.400 W | Configurable: casi siempre puedes limitar la corriente de carga |
| Plancha, secador de pelo, tostadora | 1.000 – 2.400 W | Uso corto pero intenso, y difícil de programar |
| Iluminación LED de toda la vivienda | 50 – 200 W | Irrelevante para la potencia; sí importa para los kWh |
| Router, ONT, standby y pequeños aparatos | 20 – 60 W | Es la carga base que nunca desaparece |
Paso 2: aplica un coeficiente de simultaneidad
Sumar todo lo que tienes enchufado da un número absurdo. En la práctica, los proyectistas trabajan con coeficientes de simultaneidad que en viviendas se mueven en el entorno de 0,4 a 0,7: cuanto más grande y variada es la instalación, menor es la probabilidad de que todo coincida. La regla práctica que mejor funciona es más sencilla todavía: identifica los tres consumos grandes que puedan solaparse en tu peor momento del día, súmalos, añade entre 0,3 y 0,5 kW de carga base y redondea al alza.
Este es el aspecto que tiene el cálculo en tres viviendas distintas:
| Perfil de vivienda | Cargas que pueden coincidir | Suma bruta | Potencia razonable |
|---|---|---|---|
| Piso con gas natural para cocina, calefacción y agua caliente | Carga base 0,35 + lavadora calentando 2,0 + microondas 1,2 | 3,55 kW | 3,45 kW se queda justo; 4,0 – 4,6 kW en punta |
| Vivienda con inducción y termo eléctrico, calefacción no eléctrica | Carga base 0,35 + dos zonas de inducción 3,6 + horno 2,2 + lavavajillas 1,8 | 7,95 kW | 5,75 – 6,9 kW en punta aplicando simultaneidad |
| Vivienda todo eléctrico con aerotermia y coche eléctrico | Carga base 0,4 + aerotermia 2,5 + inducción 3,6 + cargador 7,4 | 13,9 kW | 15 kW sin gestionar nada, o 6,9 – 9,2 kW cargando de noche y limitando el cargador |
Fíjate en el tercer caso, porque resume la tesis de este artículo: la diferencia entre pagar por 15 kW y pagar por 7 kW no está en la instalación, está en decidir que el coche no se carga mientras cocinas.
Paso 3: comprueba tu demanda real antes de decidir
No hace falta estimar a ciegas: tienes tus propios datos. La plataforma datadis.es, gestionada por las distribuidoras, te da acceso gratuito a tus curvas de consumo horario, y muchas distribuidoras publican además la potencia máxima demandada en cada periodo. Con eso en la mano dejas de discutir de sensaciones. Dos advertencias: la curva horaria promedia cada hora, así que un pico de tres minutos puede pasar desapercibido; y no tomes la decisión con datos de mayo, porque el pico de una vivienda española casi siempre está entre diciembre y febrero.
Antes de tocar el contrato, mira un invierno completo de datos horarios. Bajar potencia en primavera con datos de primavera es la forma más elegante de quedarte a oscuras en enero, y la normativa te obliga a esperar para volver a cambiarla.
El ICP: qué pasa exactamente cuando saltas de potencia
El interruptor de control de potencia (ICP) es el dispositivo que impide que consumas más de lo contratado. En las viviendas con contador de telegestión ya no es una cajita aparte en el cuadro: está integrado en el propio contador y programado con los valores de punta y valle de tu contrato. Cuando la demanda supera el límite del periodo en curso durante el tiempo suficiente, abre y te deja sin suministro.
No es un corte instantáneo ni con tolerancia infinita. Los interruptores actúan según una curva tiempo-corriente, así que un pico muy breve —el arranque de un compresor— puede pasar sin consecuencias, mientras que un exceso sostenido durante varios segundos o minutos acaba en corte. Para recuperar el suministro tienes que reducir carga (apaga el horno, la secadora, lo que hayas encendido de más) y rearmar: según el equipo, se reconecta solo tras unos minutos o hay que accionar el interruptor general del cuadro.
Aquí llega el dato que cambia la estrategia de mucha gente: en la tarifa 2.0TD los excesos de potencia no se facturan. No existe penalización económica por pasarte, porque el ICP simplemente corta. Eso ocurre en las tarifas 3.0TD y 6.1TD, que miden con maxímetro y cobran los excesos. La consecuencia práctica es que apurar la potencia en una vivienda no te expone a una factura sorpresa: te expone a cortes. Y eso convierte la decisión en un cálculo de comodidad, no de riesgo financiero.
Distinguir el ICP del diferencial y de los magnetotérmicos
Media hora de diagnóstico ahorra una ampliación innecesaria. Estos son los cuatro dispositivos que pueden dejarte sin luz y cómo se comportan:
| Dispositivo | De qué protege | Síntoma típico |
|---|---|---|
| ICP (integrado en el contador) | De superar la potencia contratada | Se va toda la casa justo al encender un aparato grande teniendo otros en marcha |
| IGA (interruptor general automático) | De sobrecargas y cortocircuitos en la instalación completa | Se va toda la casa; su calibre limita la potencia máxima admisible |
| Diferencial | De fugas de corriente y contactos peligrosos | Salta con humedad, con un aparato averiado o de madrugada sin motivo aparente |
| Magnetotérmicos (PIA) | De cada circuito por separado | Se queda sin luz una zona concreta: la cocina, los enchufes, el baño |
Si lo que salta es el diferencial o un magnetotérmico, ampliar potencia no arregla nada: estás pagando más por un problema de instalación o de avería. Y nunca sustituyas el IGA por uno de mayor calibre para «ganar potencia»: el calibre está dimensionado según la sección del cableado, y forzarlo convierte una molestia en un riesgo de incendio.
Cómo cambiar la potencia contratada: boletín, CIE y derechos
El trámite se pide siempre a tu comercializadora, que lo traslada a la distribuidora de tu zona (la distribuidora no la eliges: depende de la ubicación del suministro). No es inmediato: cuenta con varios días laborables, y el cambio aparece en la factura siguiente, a veces con el periodo prorrateado entre la potencia antigua y la nueva.
La asimetría que lo decide todo: bajar es barato, subir se paga
Cuando bajas potencia no se generan derechos de extensión ni derechos de acceso, porque no estás pidiendo nada nuevo a la red. Como mucho te repercutirán un coste de actuación sobre el equipo de medida, del orden de unos pocos euros, y en algún caso una verificación. Es una operación barata y reversible en el plano técnico.
Cuando subes por encima del máximo que hayas tenido contratado alguna vez en ese punto de suministro, aparecen dos conceptos regulados que se cobran por cada kW de incremento: los derechos de extensión (contribuyen a reforzar la red) y los derechos de acceso (te dan derecho a usarla), más el enganche. Son importes fijados por normativa y actualizados periódicamente, así que pide el desglose por escrito antes de aceptar y no te guíes por lo que te digan por teléfono. La buena noticia: se pagan una sola vez y quedan asociados al punto de suministro, de modo que si más adelante bajas y vuelves a subir sin pasarte de ese máximo histórico, no se vuelven a cobrar.
Cada cuánto puedes cambiarla
La regla general que aplican las distribuidoras es que, una vez modificada la potencia a petición tuya, tienes que esperar doce meses para solicitar otro cambio. Hay supuestos que se tratan aparte —alta nueva, cambio de titular, obras que modifican la instalación, adaptaciones obligadas por cambios normativos—, y la casuística varía, así que confirma tu caso concreto con la distribuidora antes de contar con ello. Lo importante desde el punto de vista práctico: no es una palanca que puedas mover cada estación, y eso obliga a decidir pensando en el invierno, no en el mes en que haces el trámite.
Cuándo hace falta boletín eléctrico y CIE
Tu instalación tiene una potencia máxima admisible que consta en su Certificado de Instalación Eléctrica (el CIE, lo que todo el mundo llama «boletín»), emitido por un instalador autorizado y registrado ante el órgano competente de tu comunidad autónoma. Si quieres contratar por encima de ese valor, la distribuidora te pedirá un CIE nuevo, y con él puede venir trabajo real en el cuadro: cambiar el IGA, revisar la sección del cableado, añadir circuitos o adecuar la caja general de protección.
El reglamento electrotécnico de baja tensión define dos grados de electrificación para viviendas: básica, con 5.750 W de potencia máxima prevista (IGA de 25 A a 230 V), y elevada, con 9.200 W (IGA de 40 A). Muchas viviendas anteriores a los años noventa tienen boletines de 3.450 W y necesitan reforma para pasar de ahí. Antes de encargar una ampliación, pide al instalador que te diga qué potencia máxima admite tu instalación tal y como está: es gratis saberlo y a veces resuelve la duda en un minuto.
La regulación premia bajar y penaliza subir. Por eso el consejo no es «baja todo lo que puedas», sino «baja hasta lo que vayas a necesitar en los próximos tres años». Si tienes una reforma, una placa de inducción o un coche eléctrico en el horizonte, haz el cálculo con ese escenario incluido.
Alternativas al contrato de luz tradicional
Ajustada la potencia, queda la otra mitad del recibo. Y aquí «alternativa» no significa un producto exótico, significa elegir cómo se fija el precio de tu kWh y quién asume el riesgo de que el mercado se mueva. Hay cuatro familias reales, y la buena para ti depende de tu tolerancia a la variabilidad y de si puedes desplazar consumo.
| Tipo de contrato | Cómo se fija el precio | A quién le encaja | Riesgo que asumes |
|---|---|---|---|
| PVPC (tarifa regulada) | Precio horario que depende del mercado, con referencias de los mercados a plazo incorporadas desde 2024 para suavizar los picos | Quien puede mover consumo a las horas baratas y aguanta variación mes a mes | Volatilidad, con menos aristas que antes de la reforma |
| Precio fijo de mercado libre | Un precio cerrado por kWh durante la vigencia del contrato, a veces con tres periodos | Quien prioriza previsibilidad y presupuesto estable | Pagas una prima por la cobertura y te pierdes las bajadas |
| Indexada de mercado libre | Precio del mercado mayorista más un margen fijo por kWh | Quien sigue el mercado y programa consumos | La misma volatilidad que el PVPC, sin su amortiguación |
| Cuota fija o «tarifa plana» | Importe mensual pactado con un consumo máximo y regularización posterior | Quien valora pagar siempre lo mismo y tiene consumo estable | La regularización: si te pasas del cupo, la factura de ajuste duele |
El PVPC y el límite de los 10 kW
Hay un detalle que conecta directamente potencia y tarifa, y que casi nadie te cuenta cuando te intentan vender una ampliación: para acogerte al PVPC, la tarifa regulada que comercializan las comercializadoras de referencia, tu potencia contratada no puede superar los 10 kW. Si subes a 11 o 15 kW quedas fuera y solo puedes contratar en el mercado libre. Sobredimensionar la potencia, por tanto, no solo te encarece el término fijo: te cierra una puerta.
Discriminar por periodos, que ya tienes puesta
Las viejas «tarifas nocturnas» dejaron de existir como producto separado: con la 2.0TD, la parte regulada de tu factura ya discrimina por periodos, tengas el contrato que tengas. La diferencia entre unas ofertas y otras está en si la comercializadora te aplica precios distintos a punta, llano y valle en la parte de energía que ella fija, o si te pone un precio único a todas las horas. Un precio único es cómodo, pero desactiva tu capacidad de ahorrar moviendo la lavadora a la noche. Si vas a programar consumos, busca un contrato que premie ese esfuerzo.
Energía «verde»: qué compras exactamente
Un contrato de energía renovable se sostiene en las garantías de origen, un sistema de certificados gestionado por la CNMC que acredita que se ha generado en renovables una cantidad equivalente a la que tú consumes. No cambia el mix físico que llega por tu cable, que es el mismo para todo el barrio, y sirve para orientar la demanda hacia generación renovable. Como el coste de esos certificados es reducido, una tarifa verde no debería llevar sobreprecio significativo: si te la ofrecen bastante más cara, lo que estás pagando es marketing.
Cambiar de comercializadora: gratis y sin obras
Cambiar de compañía no implica cambiar de contador, ni de distribuidora, ni cortar el suministro ni un minuto. El proceso es electrónico entre comercializadoras y no tiene coste, salvo que arrastres una penalización por permanencia de tu contrato anterior, que es lo primero que deberías comprobar. Para comparar sin depender de lo que te cuente un comercial, el comparador oficial de ofertas de la CNMC lista los productos de todas las comercializadoras con tus datos de consumo y potencia. No damos aquí tablas de precios de compañías concretas por una razón sencilla: cambian cada pocas semanas y cualquier cifra que leas en un blog está desactualizada antes de que la termines de leer.
Gestión de cargas: la alternativa a ampliar potencia
Cuando alguien concluye «necesito más potencia», muchas veces lo que necesita es que dos aparatos no arranquen a la vez. Gestionar cargas cuesta bastante menos que ampliar, no genera derechos de extensión y no obliga a tocar el cuadro.
Programar en lugar de ampliar
El termo eléctrico, el lavavajillas, la lavadora, la secadora y la piscina son cargas diferibles: te da igual a qué hora funcionen mientras estén listas cuando las necesitas. Casi todos los modelos de los últimos años llevan inicio diferido, y para los que no, un enchufe programable resuelve el problema por muy poco dinero. Moviéndolas a valle consigues dos cosas a la vez: pagas la energía más barata y liberas potencia en punta, que es la que te encarece el término fijo.
Limitar la potencia de la placa y del cargador
Muchas placas de inducción permiten configurar un límite de potencia total en el menú de instalación, precisamente para instalarse en viviendas con potencia contratada ajustada. Los cargadores de coche eléctrico admiten fijar la corriente de carga (por ejemplo, bajar de 32 A a 16 A), y los que tienen gestión dinámica de carga van más allá: miden el consumo del resto de la casa y modulan la carga en tiempo real para no superar nunca la potencia contratada. Con ese equipo, un hogar con coche eléctrico puede quedarse en 6,9 o 9,2 kW en vez de irse a 15 kW, y la diferencia en el término de potencia a lo largo de la vida del coche paga el sobrecoste del cargador varias veces.
Reparto por circuitos y automatización
Si los cortes se concentran en una zona, el problema no es la potencia contratada sino el reparto de circuitos. Un electricista puede separar la cocina en dos circuitos o reequilibrar fases en una instalación trifásica. Y si te gusta la domótica, los relés con medición de consumo permiten reglas del tipo «no arrancar la secadora si el horno está encendido», que es exactamente lo que hace la gestión dinámica pero hecho en casa.
Autoconsumo, excedentes y batería virtual
El autoconsumo solar cambia la aritmética de la factura, pero no de la forma en que suele venderse. Conviene tener claras las reglas antes de firmar.
Compensación simplificada: lo que descuenta y lo que no
Con el mecanismo de compensación simplificada de excedentes, la energía que vuelcas a la red genera un saldo económico que se resta del término de energía de esa misma factura, y ese descuento no puede dejar la factura en negativo ni arrastrarse al mes siguiente. Aquí está la parte que interesa a este artículo: los excedentes no compensan el término de potencia, ni el alquiler del contador, ni los impuestos. Es decir, tengas o no placas, cada kW de potencia sobrante sigue costándote lo mismo. Con solar, ajustar la potencia contratada no importa menos: importa más, porque es la parte del recibo que el sol no te va a pagar.
Qué es y qué no es una batería virtual
Una batería virtual no almacena electricidad: es un saldo monetario. Algunas comercializadoras acumulan el valor de tus excedentes mes a mes en lugar de perderlo cuando supera tu término de energía, y según el producto permiten aplicarlo a otros conceptos de la factura, a otros suministros tuyos o incluso al gas. Antes de firmar, mira tres cláusulas: a qué precio te valoran el kWh excedentario y si es fijo o indexado, si el saldo caduca, y si el producto lleva una cuota mensual que se coma la ventaja. Es un producto comercial, no un derecho regulado, y las condiciones varían mucho entre compañías.
Baterías físicas y autoconsumo colectivo
Una batería física sí desplaza energía en el tiempo, y como efecto secundario recorta el pico de demanda que pides a la red, lo que en algunos casos permite bajar potencia contratada. La inversión es alta y la rentabilidad depende de tu curva de consumo, así que pide números concretos con tus datos y no aceptes un cálculo genérico. El autoconsumo colectivo, por su parte, permite que varios consumidores compartan una instalación cercana sin necesidad de tener tejado propio; hay requisitos de proximidad y de conexión que se han ido flexibilizando, y conviene verificar la normativa vigente y la situación de tu comunidad de propietarios antes de dar por hecho nada.
Bono social y ayudas: qué existe y qué no
Si el problema no es solo la potencia sino que la factura no cabe en el presupuesto, hay un mecanismo regulado que conviene conocer, y varias supuestas ayudas que no existen.
Bono social eléctrico
El bono social es un descuento sobre la factura para consumidores clasificados como vulnerables, vulnerables severos o en riesgo de exclusión social, con tres condiciones que importan aquí: hay que estar acogido al PVPC con una comercializadora de referencia, la potencia contratada no puede pasar de 10 kW y hay que cumplir los umbrales de renta, que se calculan con el IPREM y se corrigen según el número de miembros de la unidad familiar y determinadas circunstancias (menores, discapacidad, violencia de género, víctimas de terrorismo). Los porcentajes de descuento se han modificado varias veces en los últimos años mediante prórrogas sucesivas, así que no te fíes de un porcentaje leído en un blog —incluido este—: consúltalo en la web oficial del bono social del Ministerio o pregunta a tu comercializadora de referencia. La ayuda no es indefinida, se renueva periódicamente, y quienes la tienen concedida reciben además el bono social térmico, un pago anual automático para gastos de calefacción, agua caliente y cocina.
Ayudas que no existen para esto
Aclaremos un malentendido que aparece con frecuencia: los programas MOVES son de movilidad eléctrica. Financian la compra de vehículos eléctricos y la instalación de puntos de recarga, y nada más. No pagan el cambio de potencia contratada, ni la reforma del cuadro eléctrico, ni una bomba de calor, ni un termo. Si alguien te lo plantea así, te está desinformando. Tampoco existe una subvención pública para bajar o subir potencia: es un trámite comercial con costes regulados.
Lo que sí puede aplicarte, según el caso, son programas autonómicos de rehabilitación energética de vivienda, bonificaciones municipales en el IBI o el ICIO por instalaciones de autoconsumo y deducciones en el IRPF por obras que mejoran la eficiencia energética de la vivienda. Todas tienen requisitos, plazos y convocatorias que cambian, y varias exigen certificado de eficiencia energética antes y después de la obra. Comprueba la convocatoria vigente en la sede electrónica de tu comunidad autónoma y de tu ayuntamiento antes de contar con el dinero, y si la cantidad en juego es relevante, que lo revise un técnico o un asesor fiscal.
Ajustar tu consumo energético
Conviene separar dos objetivos que se confunden todo el tiempo. Reducir kWh abarata el término de energía: cambiar a iluminación LED, eliminar aparatos en standby, bajar el termostato un grado, lavar en frío, aprovechar el calor residual del horno. Reducir el pico de potencia es otra cosa: consiste en no solapar cargas grandes, y es lo que te permite contratar menos kW. Puedes hacer muy bien lo primero y seguir pagando de más por lo segundo.
Del lado de los kWh, las medidas con mejor relación entre esfuerzo y resultado son conocidas y funcionan: iluminación LED en los puntos de uso intensivo, regletas con interruptor para el ocio audiovisual, temperaturas de consigna razonables en invierno y verano, programas eco en lavadora y lavavajillas —que alargan el ciclo pero calientan menos agua— y aislar lo que se pueda aislar, empezando por las juntas de ventanas y las persianas. No te prometemos una cifra de ahorro concreta porque depende de tu punto de partida: el mismo cambio de bombillas rinde mucho en una casa con halógenos encendidos cinco horas al día y casi nada en una que ya estaba con LED.
El mantenimiento también cuenta, y por un motivo doble. Un filtro sucio en un split, un frigorífico con la junta gastada o un termo con cal hacen que el aparato trabaje más tiempo para el mismo resultado, lo que sube los kWh; y en el caso de los equipos con compresor, también empeora el comportamiento en el arranque, lo que sube el pico. Un aparato bien mantenido es más fácil de encajar en una potencia contratada ajustada.
Y hay una medida sin coste que casi nadie aplica: mirar la curva horaria de tu propio consumo una vez al año. En una tarde detectas la carga fantasma que tienes funcionando de madrugada, el termo que se enciende a la hora más cara y el solape de aparatos que te obliga a mantener un kW extra contratado.
Revisar tu contrato de luz
Revisar el contrato es el paso que casi todo el mundo se salta, y no exige nada más que la última factura y quince minutos. Estos son los cinco datos que tienes que localizar antes de decidir cualquier cosa.
- Potencia contratada en punta y en valle. Aparecen por separado. Si son idénticas, ya sabes que tienes margen para tocar una de las dos.
- Importe del término de potencia y días facturados. Divide el importe entre los kW y los días: obtienes tu coste real por kW y día, que es la cifra con la que calcular cuánto te ahorra bajar un escalón. Nadie puede darte ese número mejor que tu propia factura.
- Reparto de tus kWh entre punta, llano y valle. Si casi todo tu consumo cae en punta, tienes margen desplazando cargas; si ya está en valle, el ahorro tendrá que venir de otro sitio.
- Tipo de precio. Comprueba si el término de energía es fijo, indexado o PVPC, y si hay periodo de vigencia con revisión automática al vencer.
- Permanencia, servicios añadidos y descuentos temporales. Los mantenimientos, seguros de avería y «asistencias» contratados de paquete suelen ser la partida más fácil de recortar, y los descuentos de bienvenida caducan sin avisar.
Con esos datos ya puedes comparar de verdad. Hazlo en el comparador oficial de ofertas de la CNMC, que trabaja con tus kWh y tu potencia reales, y desconfía de las comparativas que dan un importe único sin preguntarte nada. Cualquier oferta se juzga con la factura entera —potencia, energía, impuestos y extras—, no con el precio del kWh que aparece en el anuncio.
Los peligros de una mala elección de potencia
Los dos errores tienen consecuencias muy distintas, y merece la pena verlas por separado antes de decidir hacia dónde te equivocas.
Quedarte corto se paga en comodidad y en tiempo. Cortes en el peor momento, aparatos que se reinician, programas de lavado a medias y la sensación de tener que pensar antes de encender el horno. Añade un inconveniente regulatorio: si has bajado la potencia hace poco, la regla de los doce meses puede dejarte esperando para volver a subirla, y cuando la subas pagarás derechos si te pasas de tu máximo histórico. Lo que no ocurre, y esto sorprende a mucha gente, es que te facturen el exceso: en 2.0TD el control de potencia corta, no cobra.
Pasarte de potencia se paga en dinero, todos los meses, de forma invisible. Cada kW sobrante en punta te cuesta unas decenas de euros al año, y como aparece repartido en doce facturas nunca llama la atención. Multiplícalo por los años que llevas con la misma potencia heredada y el importe deja de ser anecdótico. Y hay un efecto colateral: si pasas de 10 kW pierdes el acceso al PVPC y al bono social. Calcula tu caso concreto con el término de potencia que figura en tu factura, no con un promedio de internet.
Entre los dos extremos, el criterio razonable es dejar la potencia de punta ajustada a tu pico real con un margen prudente y ser generoso con la de valle, que cuesta poco. Así pagas por lo que usas de día y te quitas los cortes de la noche.
Errores y mitos frecuentes sobre la potencia contratada
Estas son las ideas equivocadas que aparecen una y otra vez en las consultas, con la versión correcta al lado.
«Con más potencia los aparatos van mejor»
No. La tensión de suministro es la misma con 3,45 kW que con 9,2 kW, y una lavadora no lava más rápido porque tengas más potencia contratada. Lo único que cambia es cuántos aparatos grandes pueden funcionar a la vez. Si notas que las luces parpadean al arrancar un motor, eso es una caída de tensión y se investiga en la instalación, no en el contrato.
«Bajar la potencia hace que salte la luz constantemente»
Solo si la bajas por debajo de tu pico real. Con el cálculo hecho y los datos horarios delante, una bajada bien dimensionada pasa desapercibida durante meses. La forma de equivocarse es bajar «a ver qué pasa» sin mirar el invierno.
«Los saltos de potencia salen en la factura»
En 2.0TD, no. No hay facturación de excesos porque el control de potencia interrumpe el suministro. Los excesos se facturan en las tarifas con maxímetro, que son las de más de 15 kW.
«Hay que contratar la misma potencia en punta y en valle»
No hay ninguna obligación de igualarlas, y en la mayoría de los hogares no tiene sentido hacerlo. Si tu comercializadora te propone dos valores idénticos por defecto, pregunta.
«Con placas solares la potencia contratada da igual»
Es justo al revés. Los excedentes compensan energía, nunca potencia, así que el término fijo sigue intacto. Muchas instalaciones de autoconsumo conviven perfectamente con una potencia contratada menor que la anterior, sobre todo si hay batería.
«Cambiar de compañía deja la casa sin luz»
No hay corte, ni visita, ni cambio de contador. El contador y la red son de la distribuidora y no se tocan al cambiar de comercializadora.
«Puedo cambiar la potencia cuando quiera»
La regla general son doce meses entre cambios solicitados por el cliente, con supuestos particulares que conviene consultar con la distribuidora. Trátalo como una decisión anual.
«Me han ofrecido subir potencia gratis»
Los derechos de extensión y de acceso son importes regulados que alguien paga. Si te ofrecen una ampliación «sin coste», pide por escrito el desglose de lo que se te va a facturar y en qué factura aparecerá. Y pregúntate si necesitas esa ampliación o si lo que necesitas es programar la secadora.
«El plan MOVES paga la reforma eléctrica»
No. Los programas MOVES son de movilidad eléctrica: vehículo y punto de recarga. No cubren el cambio de potencia, ni el cuadro eléctrico, ni la climatización. Para eso, mira los programas autonómicos de rehabilitación energética y las deducciones fiscales por eficiencia, comprobando siempre la convocatoria vigente.
Conclusión
La potencia contratada es probablemente la línea de tu factura con mejor relación entre esfuerzo y resultado: se decide una vez, se paga todos los días y casi nadie la revisa. El camino es corto. Mira tus datos horarios de un invierno, suma los tres consumos grandes que puedan solaparse, añade la carga base, elige el escalón inmediatamente superior para la punta y deja la de valle con holgura porque cuesta calderilla. Comprueba en el boletín qué potencia máxima admite tu instalación antes de plantearte ampliar, y recuerda que subir genera derechos y bajar no.
Después, y solo después, ocúpate de la tarifa: PVPC, precio fijo o indexada según cuánta variabilidad aguantes, con periodos si vas a programar consumos. Y si tu pico está desbocado por un cargador de coche o una placa de inducción, gestiona las cargas antes de ampliar, porque el equipo que modula el consumo cuesta bastante menos que quince años de término de potencia sobredimensionado. Si dudas del estado de tu instalación o el cuadro tiene décadas, que lo mire un instalador autorizado: esa parte no se resuelve por teléfono.
Preguntas frecuentes sobre la potencia contratada en casa
¿Cómo puedo saber cuánta potencia necesito en casa?
Identifica los tres consumos grandes que puedan coincidir en tu peor momento del día, súmalos con los datos de la placa de características de cada aparato, añade entre 0,3 y 0,5 kW de carga base y quédate con el escalón inmediatamente superior. Contrástalo con tus curvas de consumo horario en datadis.es, mirando un invierno completo y no solo el mes en curso.
¿Cuál es la potencia más habitual en una vivienda española?
La mayoría de las viviendas se mueve entre 3,45 y 5,75 kW, y las que tienen inducción, termo eléctrico, aerotermia o coche eléctrico suelen situarse entre 6,9 y 9,2 kW. El límite de la tarifa 2.0TD son 15 kW: por encima pasarías a 3.0TD, que casi nunca compensa en un hogar.
¿Puedo contratar potencias distintas en punta y en valle?
Sí. La tarifa 2.0TD tiene dos periodos de potencia y puedes contratar un valor para punta (laborables de 8:00 a 24:00) y otro distinto para valle (el resto de horas, más fines de semana y festivos nacionales). Como el término de valle cuesta una fracción del de punta, lo razonable es ajustar la punta y dejar el valle con holgura.
¿Cuánto cuesta bajar la potencia contratada?
Bajar no genera derechos de extensión ni derechos de acceso. Como mucho te repercutirán un coste de actuación sobre el equipo de medida, del orden de unos pocos euros. Pide el desglose por escrito a tu comercializadora antes de tramitarlo.
¿Qué se paga al subir la potencia?
Al superar el máximo que hayas tenido contratado en ese punto de suministro se cobran derechos de extensión y derechos de acceso por cada kW de incremento, más el enganche. Son importes regulados que se actualizan periódicamente y se pagan una sola vez: quedan asociados al punto de suministro, así que si luego bajas y vuelves a subir sin pasar de ese máximo, no se repiten.
¿Cada cuánto puedo cambiar la potencia?
La regla general que aplican las distribuidoras es esperar doce meses entre cambios solicitados por el cliente. Hay supuestos que se tratan aparte, como el alta nueva, el cambio de titular o las obras que modifican la instalación, así que confirma tu caso concreto con tu distribuidora antes de contar con ello.
¿Necesito un boletín eléctrico para ampliar potencia?
Solo si quieres contratar por encima de la potencia máxima admisible que consta en tu Certificado de Instalación Eléctrica. El reglamento de baja tensión prevé para viviendas un grado de electrificación básica de 5.750 W y otro elevada de 9.200 W; si tu instalación está certificada por debajo de lo que quieres contratar, hará falta un CIE nuevo emitido por instalador autorizado y posiblemente cambiar el interruptor general.
¿Qué pasa cuando salta el ICP y me lo facturan?
El control de potencia integrado en el contador abre el suministro cuando superas la potencia del periodo en curso durante el tiempo suficiente; para recuperarlo hay que reducir carga y rearmar. En la tarifa 2.0TD los excesos no se facturan: el dispositivo corta, no cobra. La facturación de excesos con maxímetro corresponde a tarifas de más de 15 kW. Para distinguirlo de otras causas: si se va toda la casa justo al encender un aparato grande teniendo otros en marcha, apunta al control de potencia; si salta con humedad o con un aparato averiado, es el diferencial; y si se queda sin luz solo una zona, es el magnetotérmico de ese circuito. En los dos últimos casos, ampliar potencia no arregla nada.
¿Hay límite de potencia para el PVPC y el bono social?
Sí: la potencia contratada no puede superar los 10 kW ni para acogerse al PVPC ni para tener derecho al bono social eléctrico, que además exige estar con una comercializadora de referencia y cumplir los umbrales de renta. Los porcentajes de descuento se han modificado varias veces con prórrogas sucesivas, así que consúltalos en la web oficial del bono social.
¿Los excedentes solares me descuentan el término de potencia?
No. Con la compensación simplificada, el saldo de tus excedentes se resta del término de energía de la misma factura y no puede dejarla en negativo. El término de potencia, el alquiler del contador y los impuestos se pagan igual, así que con autoconsumo ajustar la potencia contratada importa incluso más.
¿Tengo que ampliar potencia para instalar un cargador de coche eléctrico?
No necesariamente. Puedes limitar la corriente de carga del equipo, programar la carga en horas valle y, mejor todavía, usar un cargador con gestión dinámica que mida el consumo del resto de la casa y module la carga para no superar nunca tu potencia contratada. Muchos hogares con coche eléctrico se quedan así en 6,9 o 9,2 kW en lugar de irse a 15 kW.
¿El plan MOVES III paga el cambio de potencia o la reforma eléctrica?
No. Los programas MOVES son de movilidad eléctrica y financian el vehículo eléctrico y los puntos de recarga, no la modificación de la potencia contratada, ni el cuadro eléctrico, ni la climatización. Para obras de eficiencia energética existen programas autonómicos de rehabilitación y deducciones en el IRPF, siempre sujetos a la convocatoria vigente.