Respuesta corta: si usas la calefacción muchas horas al año, la opción eléctrica más barata de usar es la aerotermia (bomba de calor); el gas natural sigue siendo razonable si ya tienes la instalación; y los radiadores eléctricos convencionales solo compensan en viviendas pequeñas, bien aisladas o con muy pocas horas de encendido. Antes de cambiar de sistema, lo más rentable casi siempre es reducir la demanda: aislamiento y control. En esta guía comparamos de forma cualitativa el coste de uso y de instalación de cada sistema y te damos los criterios para decidir en tu caso concreto.
Gas o eléctrica, en una frase: lo que decide es cuántas horas de calefacción necesitas y qué instalación tienes ya.
Un radiador eléctrico convencional convierte cada kWh de luz en un kWh de calor, así que solo compensa con poco uso. Una bomba de calor (aerotermia) traslada calor del aire exterior y el IDAE la reconoce como renovable cuando produce claramente más energía de la que consume; por eso es la opción eléctrica más eficiente con uso intenso. El propio IDAE impulsa, en su guía sobre la bomba de calor en la rehabilitación, sustituir calderas de combustibles fósiles por bomba de calor. La caldera de gas sigue siendo razonable si ya la tienes y funciona: la decisión llega cuando hay que cambiarla. Antes de hacer números, compara tus precios de luz y gas en el comparador oficial de la CNMC, y si tienes tejado valora una estimación gratuita de placas solares.
Si además quieres usar la calefacción eléctrica en las horas más baratas, consulta el precio de la luz hoy, el precio de la luz mañana y los tramos del precio de la luz por horas (2.0TD).
La pregunta «¿gas o eléctrica?» mezcla en realidad tres preguntas distintas: cuánto cuesta cada kWh de calor, cuánto cuesta instalar y mantener cada sistema y cuánta calefacción necesita tu vivienda. La respuesta correcta cambia según el peso de cada factor. Un piso de 60 m² en Alicante con dos horas de calefacción al día y una casa de 180 m² en Burgos con la calefacción encendida seis meses al año son problemas completamente diferentes, y por eso los titulares del tipo «la calefacción X es siempre la más barata» no resisten un cálculo serio.
Lo que sí es estable es la física: un radiador eléctrico convencional convierte 1 kWh de electricidad en 1 kWh de calor; una caldera de gas moderna aprovecha la mayor parte de la energía del gas; y una bomba de calor aerotérmica entrega varios kWh de calor por cada kWh eléctrico que consume, porque no genera el calor, lo transporta desde el aire exterior. Esa diferencia de rendimiento es la clave de casi toda la comparativa.
El coste de cualquier calefacción eléctrica depende de tu precio del kWh. Revisa qué ofertas hay en el comparador oficial de la CNMC antes de hacer números — y si tienes tejado, valora el autoconsumo solar como ahorro estructural que abarata todo lo demás.
Cómo usar el comparador CNMC →Es el sistema centralizado clásico en España: caldera (hoy, de condensación) más radiadores de agua. Sus puntos fuertes son la potencia instantánea, el confort en climas fríos y que la instalación de radiadores ya existe en millones de viviendas. Sus puntos débiles: paga costes fijos aunque no consumas (término fijo del gas, alquiler de contador, revisiones periódicas obligatorias) y su combustible está sujeto a la volatilidad del mercado. Si ya tienes gas en casa y la caldera funciona bien, rara vez compensa retirarla con prisa; la decisión importante llega cuando la caldera muere y hay que elegir sustituta. Tenemos una sección completa dedicada al gas para calefacción si quieres profundizar.
Aquí entran convectores, emisores térmicos de fluido o cerámicos y todo lo que la publicidad llama «bajo consumo». La física es tozuda: todos convierten 1 kWh eléctrico en 1 kWh de calor, cuesten lo que cuesten. Lo que diferencia a un buen emisor es el control (termostato preciso, programación por estancias, inercia térmica que suaviza los ciclos), no un supuesto rendimiento superior. Son baratos de comprar e instalar, no requieren obra ni mantenimiento, y por eso son razonables como calefacción de apoyo o en viviendas con muy pocas horas de uso. Como calefacción principal de una vivienda grande en clima frío son, con diferencia, la opción más cara de usar.
Son radiadores eléctricos con un núcleo cerámico que se carga en las horas baratas (normalmente de noche, con una tarifa con discriminación horaria) y sueltan el calor durante el día. Mismo rendimiento físico que cualquier efecto Joule, pero desplazan el consumo a los tramos más baratos, lo que puede recortar el coste de forma apreciable. A cambio: son voluminosos, regulan peor (el calor sale aunque no lo necesites) y exigen acertar con la carga del día siguiente. Tienen sentido sobre todo donde no llega el gas y no es viable una bomba de calor, combinados con una tarifa de tramos bien elegida — sobre esto puedes leer nuestra guía de discriminación horaria.
La aerotermia es la tecnología eléctrica que cambia las reglas: por cada kWh eléctrico entrega varios kWh de calor (el rendimiento estacional depende del clima y de la temperatura de trabajo). Además refrigera en verano y puede producir agua caliente sanitaria. Sus condiciones: inversión inicial alta, necesita espacio para la unidad exterior y rinde mejor con emisores de baja temperatura (suelo radiante, radiadores sobredimensionados o de baja temperatura). En pisos, la versión más habitual es el aire acondicionado por conductos o splits con bomba de calor, que es aerotermia aire-aire de facto. Si estás valorando esta vía en serio, dedica diez minutos a nuestra guía ¿merece la pena la aerotermia? y a la comparativa aerotermia vs caldera de gas.
No damos importes cerrados: el precio real depende de tu tarifa, tu comercializadora, tu instalador y el momento. La tabla ordena las opciones de forma cualitativa; para el precio de tu energía, compara ofertas de luz y gas en el comparador oficial de la CNMC.
| Sistema | Rendimiento | Coste de uso por kWh de calor | Instalación | Fijos y mantenimiento |
|---|---|---|---|---|
| Caldera de gas de condensación | Aprovecha la mayor parte del gas | Intermedio | Media (sustitución de caldera) | Término fijo, contador y revisiones obligatorias |
| Radiadores eléctricos / emisores | 1 kWh de calor por kWh eléctrico | Alto | Baja, sin obra | Prácticamente cero |
| Acumuladores + tarifa con tramos | 1 kWh de calor por kWh eléctrico (consumo desplazado a horas valle) | Menor que el radiador si cargas en valle | Media | Prácticamente cero |
| Aerotermia (aire-agua) | Varios kWh de calor por kWh eléctrico | Bajo | Alta (según potencia y emisores) | Revisión periódica recomendada |
| Bomba de calor aire-aire (splits/conductos) | Varios kWh de calor por kWh eléctrico | Bajo | Media, según número de equipos | Limpieza de filtros; revisión ligera |
Este es el punto que casi todas las comparativas se saltan y el que más dinero mueve. La factura de calefacción es demanda × coste del kWh de calor. Cambiar de tecnología actúa sobre el segundo factor; el aislamiento actúa sobre el primero, y lo hace para siempre y para cualquier sistema presente o futuro.
Una vivienda que reduce su demanda con estas medidas puede pasar de necesitar una caldera potente a funcionar con una bomba de calor más pequeña y barata. Instalar primero la calefacción y aislar después es hacer el gasto en el orden equivocado: pagarás un equipo sobredimensionado para una demanda que luego reducirás.
Pocas horas de calefacción al año. Aquí los costes fijos del gas pesan mucho: pagar todo el año fijos y revisiones para encender la caldera pocas semanas no suele salir a cuenta. La opción racional suele ser bomba de calor aire-aire (los splits que probablemente ya quieres para el verano) con apoyo puntual de algún emisor eléctrico. Si ya tienes gas, valora si al morir la caldera te conviene no reponerla.
Demanda media-alta. Si el edificio tiene gas natural y radiadores, la caldera de condensación sigue siendo una opción sensata y barata de renovar. La alternativa eléctrica competitiva es la aerotermia aire-aire por conductos o splits en cada zona; los radiadores eléctricos como sistema principal saldrán caros. En calefacción central comunitaria, tu margen individual está en el reparto de costes y las válvulas/repartidores, no en la tecnología.
Muchas horas de calefacción: es el escenario donde el kWh barato manda. La aerotermia aire-agua con suelo radiante o radiadores de baja temperatura suele ser la ganadora a medio plazo pese a la inversión inicial, especialmente si se combina con autoconsumo solar. El gas queda como opción de continuidad si la instalación existe y la inversión en aerotermia no es viable ahora. En zonas muy frías, verifica que el equipo mantenga rendimiento a temperaturas exteriores bajas (los equipos modernos lo hacen, pero el dimensionado importa).
La pregunta desaparece: la comparativa es entre efecto Joule, acumuladores con tarifa de tramos y bomba de calor. Con uso regular, la bomba de calor gana casi siempre; los acumuladores son el plan B donde no sea viable.
Criterio de redacción de energiabarata.eu: en esta guía no hay marcas recomendadas ni precios de comercializadoras concretas. No publicamos importes cerrados porque varían según tarifa, instalador y momento; contrasta siempre con varias ofertas reales. No aceptamos pagos de fabricantes por aparecer aquí.
Por kWh de calor útil, la aerotermia (bomba de calor) suele ser la más barata de usar porque entrega varios kWh de calor por cada kWh eléctrico. El gas natural queda en un punto intermedio y los radiadores eléctricos por efecto Joule son los más caros de usar en calefacción continua, aunque pueden compensar en usos puntuales o viviendas pequeñas con poco encendido.
Depende del uso. Cuanto más horas de calefacción al año y mejor aislada esté la vivienda, antes compensa. Con radiadores de alta temperatura antiguos el rendimiento de la bomba de calor baja, así que conviene valorar suelo radiante o radiadores de baja temperatura. El coste de instalación depende de la potencia, los emisores y el instalador: pide varios presupuestos.
No en el sentido que sugiere la publicidad. Todo radiador por efecto Joule convierte 1 kWh eléctrico en 1 kWh de calor, sea cual sea su marca o tecnología. Lo que sí pueden mejorar los emisores con termostato y programación es el control: calientan solo cuando y donde hace falta, y ahí está el ahorro real, no en el elemento calefactor.
El aislamiento casi siempre va primero. Reducir la demanda (ventanas, cajas de persiana, aislamiento de fachada o cubierta) abarata cualquier sistema que instales después y permite equipos más pequeños y baratos. Instalar una calefacción nueva en una vivienda que pierde calor es pagar dos veces.
El gas natural suma costes fijos que la eléctrica no tiene: término fijo de la tarifa de gas, alquiler de contador y revisiones periódicas obligatorias de la instalación. Esos fijos se pagan aunque no consumas. Si el uso de calefacción es bajo, solo esos fijos ya pueden inclinar la balanza hacia la opción eléctrica.
1) Compara ofertas de luz reales en el comparador oficial de la CNMC — es el único neutral. 2) Si tienes tejado disponible, el autoconsumo solar es el ahorro estructural que abarata cualquier calefacción eléctrica: puedes pedir una estimación gratuita y opciones para pedir presupuesto en tu zona, sin compromiso.
Ir a la guía del comparador CNMC →Además de decidir tu instalación, conviene revisar lo que ya pagas por la electricidad. El simulador de Gana Energía calcula una oferta con sus tarifas a partir de los datos reales de tu factura: es gratuito, sin compromiso, y el resultado depende de tu consumo.
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